Volvieron a la isla

Pasaron seis meses cuando Marcos, Nicolás y Javier decidieron volver a la isla. Todavía recordaban aquella noche en que el río había crecido, los ruidos extraños en esa soledad y los muertos hallados al amanecer sobre el puente y un tirante que sobresalía de la casa.

El regreso a la isla era para acondicionar la casa, pintar los pilotes de madera con alquitrán y además utilizar pintura con laca marina para la casa y preservarla de futuras crecidas del río. Esta vez, llevaron comida para los días que les ocupara el trabajo y por las dudas tres salvavidas.

Tomaron la lancha en el puerto de Tigre donde los esperaban unas horas de viaje, que no presentaron ningún sobresalto. Al llegar al amarre del puente, Marcos saltó para afianzar la soga al poste. Bajaron, la lancha partió. Ellos observaron el deterioro del puente y de la casa, expresando — ¡menudo trabajo nos espera! —. Subieron las cosas y antes de entrar verificaron que el bote que estaba detrás de la casa estuviera bien amarrado y sin averías por si tuvieran que salir de urgencia.

Al entrar a la casa, les llamó la atención que el candado estuviera roto. Al abrir la puerta fueron apuntados por tres pistolas. Los hicieron entrar, los maniataron y les preguntaron si alguien más vendría. –-No, nadie más tiene que venir, solo nosotros que vinimos a pintar— respondieron.
—¿traen comida y bebidas? — los interrogaron nuevamente.
—Si, están en los bolsos grandes, en los otros la pintura— comentó Javier.

Desarmaron los bolsos, comieron con avidez, como si hiciera tiempo que no probaran bocado y tomaron casi toda la bebida que los tres amigos habían llevado.

Luego, comenzaron a hablarles —se preguntarán quiénes somos, por qué estamos aquí. Cometimos dos robos y en uno de ellos un guardia actuó en defensa y le pegamos dos tiros, luego fuimos para el lado de Tigre tomamos una lancha y bajamos tres puentes antes para despistar. Caminamos por algunos senderos hasta encontrar esta casa vacía y entramos, ¿ustedes que hacen aquí? — preguntaron, dirigiéndose a los amigos.

—Somos estudiantes, la casa es de mi padre y vinimos a arreglarla- respondió Marcos.
—Si no pasa nada en cuatro días nos pasa a buscar un amigo con su lancha, no hagan nada que nos obligue a golpearlos— comentó uno de los delincuentes.
—Les aviso que todos los días pasa la lancha almacenera— agregó Marcos.
—Solucionaremos eso sobre la marcha, ¿trajeron carne? -– comentó uno de ellos.
—No, siempre vamos a lo del carbonero. Compramos carne, bebidas, leña, carbón. Tiene la despensa delante de su casa, para llegar hay que recorrer un sendero hasta el otro lado de la isla— dijo Marcos.
—¡Vamos ahora!— exclamó uno de los delincuentes, dirigiéndose a Marcos
Los demás quedaron vigilados y le prometieron que si en dos horas no volvían le cortarían los dedos a uno de sus amigos.

—De acuerdo, pero, ¿qué diré si me pregunta quién es? dijo Marcos
—Le decís que soy tu tío y que te ayudo a pintar la casa, que me llamo Pedro— le respondió obligándolo a caminar.

Caminaron más media hora para llegar al lugar.
—¡Hola Marcos! ¿cómo te va?, ¿tus padres se encuentran bien?, ¿quién es el señor? — preguntó el carbonero
-Es mi tío Pedro, vino a ayudar a pintar la casa. Las crecidas deterioran las maderas—respondió Marcos.
—¿qué vas a llevar? —
—asado, vacío, chorizo, carbón, dos botellas de vino, una gaseosa grande y una botella de ginebra. ¿tiene todo eso? — respondió el tío Pedro
—Sí, la carne y los chorizos están freezados, el resto lo tengo todo, mirando a Marcos de refilón— le respondió el puestero.
—Pedro saco el dinero, pagó y le pidió una caja para llevar todo. Marcos, le dijo al puestero, —siempre olvido saludar a su esposa Salustiano, un abrazo de mi parte—

Salieron por el sendero camino a la casa, en un poco más de una hora llegaron.
—Te portaste bien., ¿Por qué le mandaste saludos a la esposa? — lo interrogó el delincuente.
—Ella está en silla de ruedas, nunca sale de la casa—respondió Marcos.
—Está bien, bajemos a la parrilla, vamos a prender el fuego mientras se descongela la carne. ¿No tienen pan aquí? — preguntó el hombre
— Lo compramos cuando pasa la lancha almacenera, incluso botellones de agua, verduras y frutas— contestó rápidamente Marcos.
—¿A qué hora pasa la lancha? — continuó interrogando al muchacho
—A la una tenemos que estar en el puente para que se acerque— le dijo Marcos
A su paso, la lancha los vio y arrimó al muelle y les consultó —¿qué necesitan? —
—Mi tío Pedro quiere comprar pan, frutas, verduras y agua— les dijo Marcos
Pagó la cuenta a la lancha. Cuando estaba por irse la lancha, el almacenero le recordó la crecida del agua y Marcos le dijo —desde aquel día Don Silvio, siempre observó al Sudeste, ahora el bote que está detrás de la casa tiene motor—.

La lancha siguió su recorrido río arriba y ellos subieron los víveres a la casa. —Volvamos a hacer el asado— le dijo Pedro a Marcos. Mientras los otros permanecían dentro de casa para no ser vistos por alguna lancha. Luego, comieron y bebieron copiosamente, sintiéndose en libertad.

El puestero se comunicó por radio con prefectura, les dijo —hay una persona extraña en la isla que dijo ser el tío de Marcos, nunca vino ningún tío a la casa. Aparte me pareció que me daba un S.O.S porque me llamó Salustiano y no José que es mi nombre, mandó saludos para mi esposa y ella falleció el año pasado—.

Le agradecieron el informe. Al cortar pensaron, que podrían ser los ladrones que asesinaron al guardia. Dos horas más tarde, se presentó el dueño de la lancha almacenera afirmando que Marcos lo esperaba en el amarre con un mayor que dijo que era el tío.
—Antes de irme le dije a Marcos que se cuidara de las crecidas y Marcos respondió, siempre observo al sudeste don Silvio, pero yo me llamo Natalio. Pareció un pedido de ayuda— afirmó el almacenero.

Un prefecto le mostró tres fotos y le preguntó —¿alguno se le parece? —
—¡Este del medio es él!— exclamó el dueño de la lancha almacenera.

En la prefectura consideraron que estaba secuestrado por los malvivientes y urdieron un plan para el rescate. Prepararon el asalto; ingresó un grupo por detrás de la isla y recorrió el sendero silenciosamente, una lancha de la Prefectura se acercó por el río con un solo hombre y amarró. Desde el puente llamó a Marcos.
—Hola Miguel, ¿qué pasa que te viniste hasta acá? — le dijo Marcos
—Se espera sudestada con gran crecida, ¿estás solo?— le respondió.
—Con Nicolás y Javier— respondió Marcos.
—Gritales que bajen que los llevó al puerto— dijo el prefecto.

Los delincuentes tuvieron que soltarlos, así tendrían tiempo de escapar por la ventana de atrás. No sabían que, los prefectos y gendarmería los habían rodeado sigilosamente.

Los muchachos fueron caminando hacia la lancha, Miguel les hacía señas de que no corrieran.

Al escapar por la ventana posterior los delincuentes se encontraron con las fuerzas, se defendieron a tiros. Dos de ellos fueron abatidos, mientras que uno de ellos resultó apresado.

Avisada la superioridad del éxito del operativo, ordenaron al cuerpo forense relevar el área marcando la escena. Luego llevaron los cadáveres a la morgue judicial por indicación del fiscal y el juez actuante que habían llegado a la isla.

Marcos, Nicolás y Javier llegaron con Miguel a la prefectura donde declararon el secuestro, las amenazas y todo lo acontecido. Miguel le preguntó a marcos como se le ocurrió enviar S.O.S en clave. —Primero, por miedo; luego, se me ocurrió llamarlos diferente, saludar a la esposa sabiendo que hace un año falleció. Pensé constantemente en mis amigos a los que amenazaban cortarle los dedos— comentó Marcos.

—Lo que hiciste les salvó la vida a los tres. Ahora vayan a casa si necesito ampliar la declaración los llamaré— dijo Miguel.

Caminaron hasta la confitería de la anterior vez, pidieron café con leche y medialunas.

—¿Les parece este fin de semana ir al teatro a ver alguna comedia?,— les dijo Nicolás a Marcos y Javier. —Necesitamos algo de fantasía, después vamos a Banchero al centro a comer pizza y estar rodeados de personas, hacer volar de nuestras cabezas la realidad que nos tocó vivir. Eso sí, por un tiempo, la única isla que quiero es el postre Isla flotante—.