La lenta agonía de dos hermanas

La década del setenta las tomó desprevenidas.

Venían sucediendo hechos que ponían a prueba su actitud y perseverancia; los cambios producidos en sus vidas en corto tiempo, en su entorno, vivían en un país de gente impredecible.

En los años 1973 y 1974, con más apoyo de la gente volvieron al lugar que habían dejado. Fueran donde quisieran, las reconocían y abrazaban tan fuerte que se sonrojaban. Todos expresaban alegría.

¿Cuál era el misterio o el encanto de estas hermanas por su regreso?

Tuvieron dos años de tranquilidad, mejoraron las cosas. Su sola presencia hacía a la gente soñar.

Fue en 1976, cuando ciertos grupos que se arrogaban el poder político y económico, fueron a golpear la puerta de uniformados. Estos se pusieron el guante e iniciaron la época mas fría y gris de nuestra historia.

Las hermanas fueron las primeras en ser reprimidas, negadas, acosadas, acusadas, secuestradas.  Nadie hablaba de ellas, era prohibido nombrarlas.

En 1983 empezaron a mencionarlas nuevamente, decían que estaban muy maltrechas, pero vivas. Comenzaron a resonar sus nombres en las esquinas, en reuniones. Las personas sonreían, las miradas tenían brillo.

El retorno de las hermanas trajo sueños, otra vez ellas, la libertad de crearlos. Pudieron vivir con algunos altibajos el paso de los años. 

Al llegar el 2015 un ilusionista le hizo creer a la gente, utilizando todo medio disponible que, junto con las hermanas cambiaría todo. “Se priorizará la educación, la salud, la ciencia, la investigación, la justicia, la transparencia, la industria nacional, las jubilaciones dignas. Trabajo para todos y de calidad”.

En cada promesa que hacía colocaba a las hermanas primero. Nunca se supo que las tenía encerradas. En cada lugar que concurría las nombraba permanentemente, ellas eran utilizadas para mentirle a la gente.

Tan lenta es la agonía de estas hermanas, Confianza y Esperanza que han utilizado el último recurso de libertad que les queda, el silencio.